martes, 25 de mayo de 2010

Pequeños detalles del día a día


De vez en cuando los humanos tenemos esa irremediable necesidad de alzar nuestros brazos y rodear a la otra persona con ellos, para sentirnos protegidos, queridos o simplemente porque en esos momentos necesitas un abrazo de alguien.


Y es que un abrazo de esa persona a la que quieres siempre es bienvenido, siempre es necesitado, siempre es reconfortante, siempre es especial y sobretodo siempre es sincero.


Y solamente eso, un simple abrazo de la(s) persona(s) que día tras día te regalan sonrisas y hacen que tú las saques, que te regala los mejores momentos de toda tu vida, que hacen que llores de felicidad, que te empañan los ojos de lágrimas con las palabras más sinceras que en ese momento se le ocurren, que todo lo que en un momento dado te puedan decir sea``eres genial´´ y te saquen de nuevo esa sonrisa duradera... puede ser lo más valioso que tengas en el mundo.


Cada uno de nosotros somos de una forma distinta y cada uno de nosotros le aporta a los demás esa parte que es única en cada personita, por lo tanto cada uno se nosotros somos especiales para otras personas...


Simplemente no dejéis de hacerlo, no dejéis de darle un simple y valioso abrazo a esa persona que lo está esperando, porque los pequeños detalles del día a día hacen que cada persona se convierta en algo magnífico y valioso.



miércoles, 19 de mayo de 2010

Otra vez esa sensación...


Otra vez esa sensación... de repente la vuelvo a sentir tan cerca... El miedo... Mi miedo... de nuevo está presente en todos los momentos...
Me siento y pienso en mí, en ellos, en todos... nada, todos me importan demasiado, pero no puedo evitar tener miedo de nuevo.
¿Y qué hago? me pregunto una y otra vez sin obtener ninguna respuesta contundente. Todas me llevan a pensar lo mismo y no quiero pensarlo...
Me levanto de nuevo y comienzo a caminar de un lado para otro sin dejar de pensar en qué sería lo correcto hacer o en simplemente qué hacer... pero nada, no obtengo ninguna respuesta.
Me dirijo a mi habitación, pienso que allí tal vez consiga encontrar una solución, pero no la encuentro, ``¿Qué pensabas, que esto iba a ser fácil?´´ me repito una y otra vez... Y mientras todo esto me sucede siento que una pequeña lágrima se acerca cada vez más al exterior de mi ojo, intento frenarla pero es inútil, ella puede más que yo y finalmente consigue resbalar por mi mejilla dejando a su paso un pequeño rastro de agua salada... Me la seco pero minutos después comprendo que es totalmente inútil porque detrás de esa pequeña lágrima salen muchas más, imparables y directas del corazón...
De nuevo intento luchar contra ellas, contra mis miedos, pero aún no lo consigo, no logro que desaparezcan...
Es justo en ese momento cuando más frágil me siento, siento que en cuestión de segundos absolutamente todo se puede ir a la mierda, me siento como una niña que ha perdido su globo y al mirar al cielo descubre que vuela muy alto y alarga el brazo para intentar recuperarlo pero se siente impotente al ver que no llega...
Definitivamente el miedo me volvió a ganar otro pulso... ¿Y ahora qué se supone que debo hacer?

miércoles, 5 de mayo de 2010

Aquellos bonitos recuerdos


Era una mañana cualquiera de Julio y ambos caminaban agarrados de la mano por aquella playa de arenas vírgenes… Era preciosa…

La arena era de un color casi blanco y justo al lado de ella se podía apreciar el agua del mar, un mar en ese preciso momento calmado, tan calmado como aquellos dos jóvenes enamorados caminaban por dicha playa.


De vez en cuando paraban, se miraban y echaban a correr uno detrás del otro como si fueran dos niños completamente felices jugando a cualquier juego de atrapar.Cuando uno estaba cerca del otro se paraban, se miraban a los ojos como si ellos hablasen por sí solos y se sumergían en un largo beso, un beso tan especial como aquel momento que ambos podían disfrutar juntos. Eran completamente felices, de eso no cabía la menor duda. Solamente se necesitaban el uno al otro, el resto del mundo les daba exactamente igual.
Estaban tan enamorados el uno del otro que pedirles que se separaran en aquel mismo instante sería como arrancarle a un niño de las manos el juguete con el que está jugando en ese momento. Se querían, de eso no cabía duda alguna.

Llegaba el final de aquellas vacaciones juntos, los dos tendrían que volver a la realidad de la vida, pero aún podían disfrutar el uno del otro durante el largo viaje de vuelta a casa. Así lo hicieron, no se separaron el uno del otro, sus cuerpos de repente se habían convertido en uno mismo y sin saber por qué razón habían tomado la droga que el otro le había dado sin darse cuenta de que de esta forma estaban condenados a vivir con el amor del otro.


Cuando llegaron a casa, cada uno volvió con su familia pero no sin antes despedirse con un largo beso, un beso dulce y eterno que marcaba el corazón de quien pasaba por allí en ese momento. Definitivamente estaban hechos el uno para el otro.


Llamadas, mensajes… y cartas, aún viviendo en la misma ciudad, convertían la vida de estos dos personajes en algo más sencilla que la del resto del mundo. Se podría decir que ellos estaban viviendo a tres metros sobre el cielo, no necesitaban más que la presencia del otro.


Años más tarde ellos no habían dejado de ser los mismos, pues seguían haciendo las mismas cosas, pero con una diferencia: vivían en la misma casa.
Desde que se conocieron no pudieron dejar de quererse y todos aquellos años de cartas llamadas y mensajes no los podían dejar en el olvido. Ambos lo guardaban todo y seguían haciéndolo.


Cuando uno recibía la carta del otro no podía dejar de sonreír como lo hacía antes, ninguno de los dos querían perder aquella bonita costumbre que un día iniciaron y cada día mantenían viva aquella ilusión de seguir siendo aquellos jóvenes que un día fueron.