martes, 20 de julio de 2010

``A los cinco años nos preguntaron qué queríamos ser de mayores y contestábamos cosas como: astronauta, presidente... o en mi caso, princesa.

A los diez volvieron a preguntárnoslo, y dijimos: estrella del rock, vaquero... o en mi caso, medallista de oro.

Pero ahora que somos mayores, quieren una respuesta seria... a ver qué os parece esta: ¿Quién cuernos lo sabe?

No es momento de tomar decisiones rápidas, es momento de cometer errores, de subirse al tren equivocado y extraviarse, de enamorarse... De licenciarse en Filosofía porque es imposible hacer carrera en ella. De cambiar de idea y de volver a cambiar porque no hay nada permanente... así que cometed todos los errores que podáis, y algún día cuando os pregunten qué queremos ser, no tendremos que adivinarlo... lo sabremos.´´

domingo, 27 de junio de 2010

...


Cuando de repente te sientes sin fuerzas para nada, sales a la calle por ellos, y sonries como si nada, un segundo de tu vida se detiene en el tiempo, y es justamente en ese segundo cuando te das cuenta de que de repente todo se puede ir a la mierda en cuestión de segundos y a la mínima...


Sin saber qué hacer ni a quién acudir comienzas a darle vueltas a tu cabeza intentando encontrar una solución que por otro lado no consigues ni con todo el esfuerzo de ti misma...


Mientras todo esto pasa te da tiempo a pensar que ya nada de lo que antes tenía sentido lo tiene ahora porque simplemente tú no se lo encuentras.


Te sientes peor persona y lo peor de todo es que no sabes porqué porque en realidad no has hecho nada, simplemente has dejado que todo fluya como si nada, pero el problema es que ya nada de lo que antes fluía fluye ahora, o por lo menos no lo sientes así...


Asíque sin pensarlo dos veces te levantas de la silla en la que estás sentada frente al ordenador y decides plantarte en la calle con los auriculares del móvil puestos y un camino que de momento no tiene rumbo.


Caminas entre las calles de tu ciudad observando mil momentos de la gente distintos, piensas en lo que puede estar pasando por sus cabezas en ese preciso momento pero no lo logras averiguar, caminas un poquito más, pero sigues encontrándote miles de escenas distintas a cada paso que das, tú miras a tu izquierda y después a tu derecha pero lo único que logras ver es espacio, ese espacio que en ese momento nadie ocupa. Vuelves a mirar al frente como si en realidad te diera lo mismo ir caminando sola, pero minutos más tarde una lágrima se deja ver acariciando tu rostro...


Vuelves a casa pero sin ganas de nada, asique decides meterte en la cama para descansar, pero lo único que consigues es seguir pensando en eso que no tienes y que quizá nunca vayas a tener...

lunes, 14 de junio de 2010


Poco a poco empezaba a sentir algo extraño dentro de ella, empezaba a sentir algo de aquello a lo que algunos suelen definir como amor... Le empezaba a querer y empezaba a darse cuenta de que era importante para ella. Pero... ¿Cómo le decía algo tan importante? ¿Cómo le decía que lo amaba y que no podía llegar a extrañarle más de lo que ya hacía? ¿Cómo le decía que lo quería sin importarle nada ni nadie? No sabía cómo hacerlo y decidió callar... ¿Y si resultaba que él no sentía lo mismo que ella? No podía perderle como amigo.

Por las noches ya no dormía, solo pensaba... Aquello que le pasaba era tan bonito y extraño a la vez...

Pasaban los días y cada vez que se veían lo pasaba peor, ya no sabía qué hacer, tenía delante a la persona más maravillosa del mundo y ni siquiera se atrevía a decírselo.


- ``¡Eres una cobarde! Le tienes delante y no eres capaz de decirle lo que sientes por él... - se repetía una y otra vez... pero no era tan fácil...


Las malditas películas que veía a menudo sobre estos temas siempre acababan bien pero ella sabía de sobra que aquello que estaba viviendo no era una película, sino la vida real.

El tiempo pasó y al final fue el mismo tiempo quien puso el broche final a esta historia, siempre fueron felices y al recordarla ríen por no haber sido un poquito más valientes ninguno de los dos...

domingo, 13 de junio de 2010

¿Capaz o incapaz?


Capaz de decirme un millón de veces que puedo, capaz de conseguir aquello que me propongo, capaz de sonreirle al mundo por todo, capaz de ser la persona más feliz con lo mínimo, capaz de repetir dos mil veces al día las palabras ``te quiero´´ porque realmente lo siento, capaz de echar de menos aunque esa persona esté sentada a mi lado, capaz de hacer reír a la gente por gilipolleces varias, capaz de jugar a capaz y capaz de cumplirlo...

martes, 25 de mayo de 2010

Pequeños detalles del día a día


De vez en cuando los humanos tenemos esa irremediable necesidad de alzar nuestros brazos y rodear a la otra persona con ellos, para sentirnos protegidos, queridos o simplemente porque en esos momentos necesitas un abrazo de alguien.


Y es que un abrazo de esa persona a la que quieres siempre es bienvenido, siempre es necesitado, siempre es reconfortante, siempre es especial y sobretodo siempre es sincero.


Y solamente eso, un simple abrazo de la(s) persona(s) que día tras día te regalan sonrisas y hacen que tú las saques, que te regala los mejores momentos de toda tu vida, que hacen que llores de felicidad, que te empañan los ojos de lágrimas con las palabras más sinceras que en ese momento se le ocurren, que todo lo que en un momento dado te puedan decir sea``eres genial´´ y te saquen de nuevo esa sonrisa duradera... puede ser lo más valioso que tengas en el mundo.


Cada uno de nosotros somos de una forma distinta y cada uno de nosotros le aporta a los demás esa parte que es única en cada personita, por lo tanto cada uno se nosotros somos especiales para otras personas...


Simplemente no dejéis de hacerlo, no dejéis de darle un simple y valioso abrazo a esa persona que lo está esperando, porque los pequeños detalles del día a día hacen que cada persona se convierta en algo magnífico y valioso.



miércoles, 19 de mayo de 2010

Otra vez esa sensación...


Otra vez esa sensación... de repente la vuelvo a sentir tan cerca... El miedo... Mi miedo... de nuevo está presente en todos los momentos...
Me siento y pienso en mí, en ellos, en todos... nada, todos me importan demasiado, pero no puedo evitar tener miedo de nuevo.
¿Y qué hago? me pregunto una y otra vez sin obtener ninguna respuesta contundente. Todas me llevan a pensar lo mismo y no quiero pensarlo...
Me levanto de nuevo y comienzo a caminar de un lado para otro sin dejar de pensar en qué sería lo correcto hacer o en simplemente qué hacer... pero nada, no obtengo ninguna respuesta.
Me dirijo a mi habitación, pienso que allí tal vez consiga encontrar una solución, pero no la encuentro, ``¿Qué pensabas, que esto iba a ser fácil?´´ me repito una y otra vez... Y mientras todo esto me sucede siento que una pequeña lágrima se acerca cada vez más al exterior de mi ojo, intento frenarla pero es inútil, ella puede más que yo y finalmente consigue resbalar por mi mejilla dejando a su paso un pequeño rastro de agua salada... Me la seco pero minutos después comprendo que es totalmente inútil porque detrás de esa pequeña lágrima salen muchas más, imparables y directas del corazón...
De nuevo intento luchar contra ellas, contra mis miedos, pero aún no lo consigo, no logro que desaparezcan...
Es justo en ese momento cuando más frágil me siento, siento que en cuestión de segundos absolutamente todo se puede ir a la mierda, me siento como una niña que ha perdido su globo y al mirar al cielo descubre que vuela muy alto y alarga el brazo para intentar recuperarlo pero se siente impotente al ver que no llega...
Definitivamente el miedo me volvió a ganar otro pulso... ¿Y ahora qué se supone que debo hacer?

miércoles, 5 de mayo de 2010

Aquellos bonitos recuerdos


Era una mañana cualquiera de Julio y ambos caminaban agarrados de la mano por aquella playa de arenas vírgenes… Era preciosa…

La arena era de un color casi blanco y justo al lado de ella se podía apreciar el agua del mar, un mar en ese preciso momento calmado, tan calmado como aquellos dos jóvenes enamorados caminaban por dicha playa.


De vez en cuando paraban, se miraban y echaban a correr uno detrás del otro como si fueran dos niños completamente felices jugando a cualquier juego de atrapar.Cuando uno estaba cerca del otro se paraban, se miraban a los ojos como si ellos hablasen por sí solos y se sumergían en un largo beso, un beso tan especial como aquel momento que ambos podían disfrutar juntos. Eran completamente felices, de eso no cabía la menor duda. Solamente se necesitaban el uno al otro, el resto del mundo les daba exactamente igual.
Estaban tan enamorados el uno del otro que pedirles que se separaran en aquel mismo instante sería como arrancarle a un niño de las manos el juguete con el que está jugando en ese momento. Se querían, de eso no cabía duda alguna.

Llegaba el final de aquellas vacaciones juntos, los dos tendrían que volver a la realidad de la vida, pero aún podían disfrutar el uno del otro durante el largo viaje de vuelta a casa. Así lo hicieron, no se separaron el uno del otro, sus cuerpos de repente se habían convertido en uno mismo y sin saber por qué razón habían tomado la droga que el otro le había dado sin darse cuenta de que de esta forma estaban condenados a vivir con el amor del otro.


Cuando llegaron a casa, cada uno volvió con su familia pero no sin antes despedirse con un largo beso, un beso dulce y eterno que marcaba el corazón de quien pasaba por allí en ese momento. Definitivamente estaban hechos el uno para el otro.


Llamadas, mensajes… y cartas, aún viviendo en la misma ciudad, convertían la vida de estos dos personajes en algo más sencilla que la del resto del mundo. Se podría decir que ellos estaban viviendo a tres metros sobre el cielo, no necesitaban más que la presencia del otro.


Años más tarde ellos no habían dejado de ser los mismos, pues seguían haciendo las mismas cosas, pero con una diferencia: vivían en la misma casa.
Desde que se conocieron no pudieron dejar de quererse y todos aquellos años de cartas llamadas y mensajes no los podían dejar en el olvido. Ambos lo guardaban todo y seguían haciéndolo.


Cuando uno recibía la carta del otro no podía dejar de sonreír como lo hacía antes, ninguno de los dos querían perder aquella bonita costumbre que un día iniciaron y cada día mantenían viva aquella ilusión de seguir siendo aquellos jóvenes que un día fueron.